A esta zorrita la tienen muy mimada en su familia y está acostumbrada a que le den todo lo que quiera. Tan mimada está que cuando el chófer la lleva a su nueva casa la tía no puede hacer otra cosa que terminar con la polla del hombre, un occidental bien dotado, metida hasta el fondo de su garganta. De la boca el rabo le pasa al coño y la putita, con su uniforme de colegiala ya totalmente descompuesto, recibe pollazos muy duramente para que aprenda con rapidez cómo es follar con un occidental. A cuatro patas y con la falda subida la guarra no para de gritar mientras el chófer se la folla fuerte.