Cuando Madelyn Monroe está recogiendo la ropa sucia del cuarto de su hijo se da cuenta de que en los calzoncillos hay claros restos de semen de las últimas pajas que se ha estado haciendo el chaval. Eso hace que la tía se ponga muy caliente y que comience a notar cómo su coño se empapa mientras está en el cuarto de la lavadora. En un momento dado aparece el hijo y pensando en todo el semen que hay en sus pelotas decide arrodillarse, hacerle una mamada y romper el tabú del sexo madre e hijo. Ahí mismo en el cuarto de la lavadora se lo folla de una forma brutal y el hijo no se puede creer que tenga una madre tan puta que deja que la penetre.